El día siguiente era la fiesta de disfraces del cole. No me preocupaba mucho porque contaba con un vestido de hada, alas y varita mágica. ¡Oh no! Cuando me di cuenta, pasadas las 12 de la noche, como cenicienta, que mi pequeña no tenía nada para el pelo!! Miré hacia atrás y vi el jarrón de flores rosas. Al instante, en mi imaginación, ya vi la tiara de flores. A una cinta de raso rosa le fui pegado pequeñas flores de tela. Y ya está. Mi pequeña el día siguiente cuando lo vio dijo: ¡Hala!

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